El sofá rojo
Es el mueble más feo del piso y mi sitio favorito del mundo. Ahí estudio, ahí veo los partidos, ahí me quedo dormida a media tarde.
De casa, de mate por la mañana y de sofá rojo por la tarde. Estudio, procrastino, y me hago fotos nada más levantarme sin ningún motivo. Aquí voy guardando lo pequeño: los domingos de partido, los apuntes a medias y las canciones que tengo en bucle. Ponte cómodo. ♡
besos, Adriana
Monté este rincón para tener mis cosas favoritas en un mismo sitio. Es mi diario, más o menos: mitad sofá, mitad apuntes, y bastante más Netflix del que pienso admitir por escrito.
Es el mueble más feo del piso y mi sitio favorito del mundo. Ahí estudio, ahí veo los partidos, ahí me quedo dormida a media tarde.
Pestañas de colores, boli rojo, todo organizadísimo. Y aun así siempre estoy empezando el tema el día antes.
Argentina de origen, con la vida montada a este lado del charco. Sigo poniéndole mate a la mañana y eso no se negocia.
Historias pequeñas de días normales, apuntadas antes de que se me olviden.
Probadores
Fui a devolver una sudadera. Salí con la misma sudadera, en otro color, y una explicación bastante floja para mí misma.
El plan era sencillo: devolver, salir, irme a casa. Quince minutos. Llevaba el tique y todo, que en mi caso ya es un nivel de organización histórico.
Y entonces la vi en azul. Y pensé "es que el azul es otra cosa", que es exactamente el tipo de frase que me digo cuando ya he decidido. Me la probé, me hice la foto de rigor en el probador con las gafas puestas como si tuviera algo que esconder, y me la llevé.
Devolví la primera, eso sí. O sea que técnicamente no he gastado más. Esa es la versión que le he contado a mi madre y esa es la versión que se queda.
Domingos
Hay domingos de salir y hay domingos de no pisar la calle. Este fue claramente de los segundos, y lo defiendo.
Me desperté tarde, cosa rara, y me quedé un rato largo mirando el techo haciendo el cálculo mental de cuántas horas de domingo me quedaban. Muchas. Muchísimas. Una sensación buenísima.
No hice la cama. Me puse el pantalón de pijama rosa que está ya para jubilar, me llevé el móvil y no salí de esa habitación hasta las tres. Mensajes atrasados, dos capítulos, una siesta que no estaba prevista y una foto al espejo porque la luz entraba bien.
Los domingos así antes me daban un poco de cargo de conciencia. Ahora los pongo en la agenda a propósito. Funcionan mejor que cualquier plan.
Días de partido
Es vieja, le falta un poco de color y me la pongo igual cada vez. Ganamos más cuando la llevo. No hay discusión posible.
La tengo desde hace años y está claramente peor que el primer día, pero es la camiseta de los partidos y eso no se cambia a mitad de temporada. Son cosas que no se explican, se respetan.
El ritual es siempre el mismo: sofá rojo, el pelo recogido a medias, el móvil boca abajo porque no quiero spoilers de nada y los pies encima del cojín. Grito más de lo que debería para vivir en un piso con vecinos.
Ganamos. Y sí, va a haber gente que diga que la camiseta no influye. Esa gente no ha visto mi estadística y yo no pienso enseñársela.
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